Hacía mucho que un grupo no me enamoraba tanto como lo ha hecho “hurray for the riff raff”, una banda de extraño (¿feo?) nombre liderada por Alynda Lee. El grupo, al que llegué por pura casualidad, ha evolucionado desde un sonido muy New Orleans en las primeras canciones hasta un rock más europeo, con toques incluso de sonidos latinos. De orígenes portorriqueños, Alynda Lee está radicada en el Bronx y posee una voz especialmente dotada para los sonidos bluseros y las baladas country, incluso para los medios tiempo más sesenteros como demuestra en el tema “Be my baby”, un tema que podría haber compuesto y cantado el mismo Elvis. La siguiente grabación en directo da muestra de lo que eran …

Se suele llamar súpergrupo a la formación casual, a veces efímera, que reúne a varias estrellas en un proyecto que generalmente no dura más de uno o dos discos. Un ejemplo clásico sería el de los Travelling Wilburys, el grupo donde se reunieron Roy Orbison, Bob Dylan, George Harrison, Tom Petty y Jeff Lyne. El grupo hispanoamericano Meteoros encajaría perfectamente en la definición de súpergrupo.

Tiene uno la sensación de que a Annie Clark, cuyo nombre artístico es St. Vincent (que se puso en homenaje al lugar de fallecimiento de Dylan Thomas), sólo se la conoce en España como la novia de Cara Delevigne, lo que es enormemente injusto con una artista que además de estupenda guitarrista es una de las compositoras más innovadoras y con más calidad que ha dado Estados Unidos en los últimos años.

Lo primero que hay que decir de Papa Lightfoot es que grabó uno de los blues más simples, directos y maravillosos que se han grabado nunca. Lo segundo que hay que decir es que sólo él lo podía haber hecho de una manera tan redonda. Ese blues se llama “Wine, women and whisky” y letrística y rítmicamente es, a mi modo de ver, la puerta perfecta de entrada a lo que fue el blues rural, el blues del delta.

Elmore James fue un esprinter con alma de corredor de fondo. Nunca tuvo un gran éxito, un número uno, ni tampoco grandes cifras de ventas. Sin embargo, su música aún permanece como una de las muestras más raciales y maravillosas del blues, lo que es mucho si tenemos en cuenta que Elmore murió con sólo cuarenta y cinco y tocó durante menos de veinte.