Radicales, turismo y medios de comunicación

El día tres de agosto, los dos portales de los periódicos más importantes del país -El Mundo y El País- estaban encabezados por la noticia de que la izquierda abertzale se unía al boicot al turismo que ya estaban desarrollando en Cataluña grupos que ambos medios coincidían también en tachar de radicales. Supongo que era demasiado tentador: nacionalismo catalán, nacionalismo vasco y un sector estratégico como el turismo unidos en una sola noticia. Faltaba poder mencionar a Venezuela para cantar pleno.

Lo que ninguno de los medios señalaba eran las causas de las protestas, ni lo que podríamos llamar la causa primera; esto es, la razón de que el turismo se haya descontrolado en España en los últimos años. Pero como nada o casi nada nace por generación espontánea, hubiera sido conveniente indagar un poco en ambas.

Respecto a las protestas, son ya conocidas las dificultades que sufren quienes desean o necesitan alojarse en el centro de ciudades como Ibiza, Madrid o Barcelona, pero también cada vez más en otras como San Sebastián o Bilbao. Según datos de la Generalitat, en el primer trimestre de este año el precio del alquiler había subido un 9% en Barcelona en comparación con el año anterior —la subida sería incluso mayor según Idealista—. Mientras que en Madrid la subida fue del 15,6% en 2016, con zonas populares como Tetuán donde alcanzó el 20%.

Pero la gentrificación no sólo supone el alza de los alquileres -con el consiguiente desplazamiento hacia la periferia de la población más humilde en beneficio de otra con renta más alta-, también supone un alza de los precios de los bienes y servicios, y la sustitución de los negocios pequeños y tradicionales por otros más interesantes para los turistas, generalmente asociados a grandes cadenas.

Pero, como decíamos, nada nace espontáneamente. En España llevamos varias décadas desarrollando planes económicos y de infraestructuras -pelotazos y fraudes incluidos- pensando sólo en el turismo: líneas de AVE, aeropuertos, museos, transporte público… todo se pone al servicio de un sector que ha pasado de representar el 11,6% del PIB español en 2010 a más del 13% en la actualidad. Y subiendo.

A ello hay que sumar que las reformas laborales de Zapatero y Rajoy lo que consiguieron, fundamentalmente, fue precarizar el empleo. Especialmente, el no cualificado. Lo que sumado a los problemas y conflictos en el norte de África, en Turquía y en Grecia ha convertido a nuestro país en el destino preferido del turismo de sol y playa. Un turismo que encuentra hoteles y servicios baratos gracias al empobrecimiento de las clases trabajadoras españolas.

Ante esta situación, ¿basta con hostigar, como hacen los principales medios, a quienes señalan que detrás del auge del turismo lo que hay es empobrecimiento, gentrificación, lucha de clases? ¿Basta con tacharlos de radicales, apuntando a la alargada y siempre a mano sombra de ETA, mientras celebramos el buen estado de un sector que, el día que se constipe, puede mandar a la economía española a la UCI? ¿O hacemos algo?

La coincidencia entre los principales medios a la hora de tratar ciertos asuntos no suele ser casual. Da igual que el asunto sea Venezuela o el turismo. Si los mensajes se repiten como un eco, si los argumentos son los mismos a uno y otro lado de la metafórica línea que separa la izquierda de la derecha —una línea cada vez más lejana, si hablamos de los periódicos españoles en papel, situados todos cada vez más a la derecha—, cabe sospechar que haya una orden para actuar en una determinada dirección.

Sin argumentar. Sin indagar. Sin dudar. Sólo a estacazos. No sea que a la gente le dé por pensar que quienes nosotros decimos que son radicales y cuasi terroristas pueden tener -pese al siempre problemático y criticable escollo de las formas- algo de razón.

Como en el caso de la burbuja inmobiliaria, todo apunta a que, con la masificación turística, miraremos también para otro lado hasta que la mierda nos tape los ojos y ya sea imposible ignorarla.

Publicado previamente en Nueva Tribuna.

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