Aquella otra liga

Aquella otra liga

Este final tan ajustado de liga me ha hecho recordar aquel otro, también jugado al límite: el campeonato 2006-2007.

En la penúltima jornada el Madrid había ganado in extremis al Zaragoza y el Español le había robado la posibilidad de la liga al Barcelona con el famoso gol de Tamudo, el tamudazo. Recuerdo que iba de camino a Valladolid, para salir de fiesta, cuando Van Nistelroy metió el segundo la Romareda y sólo unos segundos después Tamudo metía su primero de la tarde en el Camp Nou.

La Liga parecía tan cerca que Calderón, el presidente del Madrid, se permitió el lujo de dar la vuelta de honor en la Romareda, pero quedaba un último partido con el Mallorca.

Servidor tenía entonces 23 años, estaba enganchado al “I´m your man” de Leonard  Cohen, tenía un trabajo bastante bien pagado y había quedado en Madrid para ver el fútbol con hermosas chicas, una de ellas, para darle más interés, de Mallorca. Era algo parecido a la felicidad.

Nos costó encontrar un bar que no estuviera atestado, pero al final lo hicimos, si no recuerdo mal, por la zona de San Bernardo. Allí, en una mesa pequeña, bebimos cerveza y calmamos la ansiedad comiendo algunas tapas, mientras veíamos cómo el sueño de la liga se iba al garete. No sólo por el gol del Mallorca, sino por las ocasiones falladas por el todavía hoy irregular Higuaín.

Hasta que salió Reyes. El depauperado Reyes. El jugador que el Madrid había deseado y que después había cuajado unas actuaciones no muy vistosas. El mismo que aquel día no sólo marcó el empate, sino también el 3-1, el gol de la tranquilidad cuando el Mallorca acosaba al Madrid, amenazando con empatar y quitarnos la liga de las manos.

Recuerdo que cuando el árbitro pitó el final me abracé a la única de mis acompañantes que era madridista y los tres bajamos corriendo a Cibeles, a esperar a que llegaran los jugadores. Lo que no sucedió hasta horas más tarde: en medio de una alegría que certificaba lo importante de una liga que a mitad de campeonato parecía imposible. La liga del clavo ardiendo. La de la autogestión. La del Beckham recuperado para la causa. La del Capello más ácrata. Una liga maravillosa.

La celebración duró hasta que Gallardón, después de que unos cuantos borrachos lanzaran litronas contra la policía, decidiera mandarnos a dormir con una “maravillosa” carga policial, caballos incluidos, que acabó con varias personas heridas y nosotros tres corriendo por Fernando VI o Prim, cogidos de la mano y refugiándonos en un portal.

Pensaba hoy en todo esto, mientras escuchaba a Leonard Cohen y me daba cuenta de todo lo que ha cambiado en esta década a mi alrededor. De una de esas chicas no volví a saber nada y de la otra me separé por una de esas estupideces adolescentes que uno no sabe luego cómo arreglar. Y Leonard Cohen ha muerto. Y eso es sólo la superficie. El matiz.

Nos queda, al menos, la ilusión de que el Madrid vuelva a ganar la liga, aunque ya no vayamos a Cibeles a celebrarlo y a correr delante de la policía. Y aunque esta vez, espero, no haya que sufrir tanto. Porque no tenemos a Reyes.

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